domingo, 1 de febrero de 2015

miércoles, 21 de enero de 2015

Pereza y nostalgia, mantienen los adornos inmóviles

No se lo van a creer pero los adornos navideños continúan en el mismo sitio que estaban por Nochebuena. Nos da pereza quitar de su escaparate el Nacimiento, porque no hay nada parecido que llene ese vacío. Los lazos rojos, agarrados amorosamente a los candelabros, obsequio de nuestros provectos, no hay forma humana de quitarlos. Las luces del huerto, siguen enroscados en el olivo porque, en cierto modo, prolongan la luz y el resplandor del día. Todas las
noches debatimos la forma de deshacer el señorial montaje sin que se nos parta el corazón.¿ Y el árbol de Navidad con su deliciosa decoración?, ídem de lienzo. Hay que decidirse de una vez pues nos arriesgamos a que todo lo que hay alrededor, que tampoco queremos tocar, crezca desmesuradamente y la casa quede sin visibilidad, como en aquel cuento mítico en el que había una mansión, escondida por el boscaje,y que nadie encontró hasta que un hidalgo perdido dio con ella,¡ Cielos !. otiliaseijas@gmail.com

viernes, 26 de diciembre de 2014

Una reacción inesperada

Una amiga me confesó que ella no creía en pitonisas ( yo, tampoco ), pero algunas veces aciertan. Le habían advertido que le sucedería algo muy decepcionante en el entrañable escenario familiar, pues la alegría esperada por el regreso de un hijo con su esposa, procedentes de tierras teutonas, no iba hacerse realidad pues regresar, regresó pero venía de un humor de perros y en lugar de besos,los familiares recibieron los más crueles reproches. Y todo porque en un mes y pico que faltó, nadie le sacó a pasear su coche y había creado moho. Tenía razón la pitonisa, y en lugar de gozo hubo lágrimas amargas, sobre todo por parte de los padres, ya de avanzada edad. Hijos criados, trabajos doblados. OTILIA SEIJAS

viernes, 19 de diciembre de 2014

No sé si alguno de los lectores de mi artículo titulado " El potrillo juguetón ", esbozaría un gesto de grima al leer el final del relato. No fue mi intención causarles malestar sino transmitir que para todo el mundo hay realidades amargas. A mí me impresionó mucho, por eso se lo cuento. Otiliaseijas

sábado, 13 de diciembre de 2014

El potrito juguetón

En medio de sus caballos es feliz este anciano menudito y huidizo que se esconde entre ellos para pasar desapercibido. Si algún día enferma y no puede cuidar sus equinos, el hombrecillo preferiría la muerte. Mi marido y yo hablamos mucho con él, cuando paseamos por aquella comarca y acepta entablar conversación. La temática suelen ser los caballos que él cuida con mimo. Nunca habla de su mujer ni de sus hijos porque le importa más su ganado caballar que su propia familia. Un día gris, y bastante frío, lo encontramos acurrucado entre sus hermosos alazanes y observamos que lloraba sin consuelo. Le preguntamos si tenía algún dolor o molestia.No. Lloro porque tenía una cría de cuatro meses, juguetona y bonita com un sol. Pero un díaen el prado, mientras hacía filigranas, tropezó con un muro medio deshecho por el que patinó sin querer y salió lanzado hacia la punta de una afilada estaca donde quedó ensartado, de arriba abajo. Allí perdió la vida, y yo pensé que me rompía el afligido corazón Después de tratar de calmarlo, nos fuimos llenos de pesadumbre porque aquella situación era insoportable. otiliaseijas@gmail.com.

lunes, 10 de noviembre de 2014

Batalla campal

Parecía que aquellos tiempos de economía bastante saneada no se podían repetir por su bonanza en todos los aspectos. Y así fue. Cambiaron las costumbres y cambiaron las gentes, tanto en el mundo rural como en el urbano. Existían muchas escuelas de aldea , en las que se congregaban desde niños pequeños hasta adolescentes que te aventajaban en estatura y se acercaban a tí con desparpajo, pero en momentos apurados ayudaban a solventar las dificultades. En un día lluvioso, llegaron una niñas, ya desarrolladas, y su madre con ganas de buscar lío y desorden porque la mujer quería que sus hijas quedaran en mi escuela pero yo me negaba pues no pertenecían allí, y además mi espacio docente estaba hasta la bandera. Ni había sitio para sentarme yo. Cuando vio que no me convencía,la salvaje me empezó a tirar piedras con gran puntería. Al ver esto, mis alumnos, salieron del centro escolar y comenzaron a lanzar guijarros con mayor destreza todavía, y terminaron espantándola a ella y a su prole. otiliaseijas@gmail.com