lunes, 2 de marzo de 2015

La convalecencia

Estaba a punto de hacer su entrada la Primavera y, al abrir la puerta de casa, un pajarillo entonó una hermosa melodía que recreó mi espíritu, alicaído después de un duro y largo período invernal, en el que hubo de todo: inundaciones, frío cortante como navaja de barbero, vientos huracanados, y nieve a trescientos metros con lo que los paisajes nívidos estuvieron a nuestro alrededor, al alcance de la mano. Me marchaba para tierras en las que iba a convalecer de una reciente operación que casi me arrebata la vida, pero los designios del Señor eran otros. No me hallaba en condiciones de viajar sola, mas mi hijo menor, me pudo acompañar, convirtiéndose la convalecencia en un verdadero placer inolvidable. Dábamos paseos matutinos y vespertinos y cuando nos cansábamos él devoraba libros y yo me iba a la piscina de la urbanización y, bajo un sombrero de paja,tomaba el sol vivificador y estimulante. A los dos días de estar allí, el clima bonancible del lugar, como hecho de encargo, llegó otro convaleciente que sobrevivió a un gravísimo accidente impidiéndole durante años poner en el suelo las plantas de los pies. Todos los días mi hijo y yo íbamos a verlo y a conversar con él, y lo agradecía con toda su alma pues éramos los únicos visitantes. Ayuda a los demás y te ayudarás a tí mismo, y así fue. A los dos meses, me encontraba ya totalmente recuperada, y mi, hijo fortalecido por el cambio de aires.¡1 Aleluya !. otiliaseijas@gmail.com

martes, 17 de febrero de 2015

domingo, 1 de febrero de 2015

miércoles, 21 de enero de 2015

Pereza y nostalgia, mantienen los adornos inmóviles

No se lo van a creer pero los adornos navideños continúan en el mismo sitio que estaban por Nochebuena. Nos da pereza quitar de su escaparate el Nacimiento, porque no hay nada parecido que llene ese vacío. Los lazos rojos, agarrados amorosamente a los candelabros, obsequio de nuestros provectos, no hay forma humana de quitarlos. Las luces del huerto, siguen enroscados en el olivo porque, en cierto modo, prolongan la luz y el resplandor del día. Todas las
noches debatimos la forma de deshacer el señorial montaje sin que se nos parta el corazón.¿ Y el árbol de Navidad con su deliciosa decoración?, ídem de lienzo. Hay que decidirse de una vez pues nos arriesgamos a que todo lo que hay alrededor, que tampoco queremos tocar, crezca desmesuradamente y la casa quede sin visibilidad, como en aquel cuento mítico en el que había una mansión, escondida por el boscaje,y que nadie encontró hasta que un hidalgo perdido dio con ella,¡ Cielos !. otiliaseijas@gmail.com

viernes, 26 de diciembre de 2014

Una reacción inesperada

Una amiga me confesó que ella no creía en pitonisas ( yo, tampoco ), pero algunas veces aciertan. Le habían advertido que le sucedería algo muy decepcionante en el entrañable escenario familiar, pues la alegría esperada por el regreso de un hijo con su esposa, procedentes de tierras teutonas, no iba hacerse realidad pues regresar, regresó pero venía de un humor de perros y en lugar de besos,los familiares recibieron los más crueles reproches. Y todo porque en un mes y pico que faltó, nadie le sacó a pasear su coche y había creado moho. Tenía razón la pitonisa, y en lugar de gozo hubo lágrimas amargas, sobre todo por parte de los padres, ya de avanzada edad. Hijos criados, trabajos doblados. OTILIA SEIJAS

viernes, 19 de diciembre de 2014

No sé si alguno de los lectores de mi artículo titulado " El potrillo juguetón ", esbozaría un gesto de grima al leer el final del relato. No fue mi intención causarles malestar sino transmitir que para todo el mundo hay realidades amargas. A mí me impresionó mucho, por eso se lo cuento. Otiliaseijas