martes, 17 de febrero de 2015

La convalecencia

domingo, 1 de febrero de 2015

miércoles, 21 de enero de 2015

Pereza y nostalgia, mantienen los adornos inmóviles

No se lo van a creer pero los adornos navideños continúan en el mismo sitio que estaban por Nochebuena. Nos da pereza quitar de su escaparate el Nacimiento, porque no hay nada parecido que llene ese vacío. Los lazos rojos, agarrados amorosamente a los candelabros, obsequio de nuestros provectos, no hay forma humana de quitarlos. Las luces del huerto, siguen enroscados en el olivo porque, en cierto modo, prolongan la luz y el resplandor del día. Todas las
noches debatimos la forma de deshacer el señorial montaje sin que se nos parta el corazón.¿ Y el árbol de Navidad con su deliciosa decoración?, ídem de lienzo. Hay que decidirse de una vez pues nos arriesgamos a que todo lo que hay alrededor, que tampoco queremos tocar, crezca desmesuradamente y la casa quede sin visibilidad, como en aquel cuento mítico en el que había una mansión, escondida por el boscaje,y que nadie encontró hasta que un hidalgo perdido dio con ella,¡ Cielos !. otiliaseijas@gmail.com

viernes, 26 de diciembre de 2014

Una reacción inesperada

Una amiga me confesó que ella no creía en pitonisas ( yo, tampoco ), pero algunas veces aciertan. Le habían advertido que le sucedería algo muy decepcionante en el entrañable escenario familiar, pues la alegría esperada por el regreso de un hijo con su esposa, procedentes de tierras teutonas, no iba hacerse realidad pues regresar, regresó pero venía de un humor de perros y en lugar de besos,los familiares recibieron los más crueles reproches. Y todo porque en un mes y pico que faltó, nadie le sacó a pasear su coche y había creado moho. Tenía razón la pitonisa, y en lugar de gozo hubo lágrimas amargas, sobre todo por parte de los padres, ya de avanzada edad. Hijos criados, trabajos doblados. OTILIA SEIJAS

viernes, 19 de diciembre de 2014

No sé si alguno de los lectores de mi artículo titulado " El potrillo juguetón ", esbozaría un gesto de grima al leer el final del relato. No fue mi intención causarles malestar sino transmitir que para todo el mundo hay realidades amargas. A mí me impresionó mucho, por eso se lo cuento. Otiliaseijas